Es la primera vez que me comunico con ustedes a través de este medio, invadido por un profundo interés en despertar en todos ustedes el sentido de propiedad y afecto por nuestra Universidad.
Recibí con mucha alegría la acogida que estas últimas elecciones tuvieron en todos nosotros, debido a la firme convicción de que todos nos interesamos por el bienestar propio, y por ende el del ente universitario.
Pero es difícil disipar las ideas que nuestra pintoresca sociedad ha creado en todos nosotros, como que un alto porcentaje de estudiantes votaron movidos más por lazos de amistad o simpatía con algún candidato que por una opinión objetiva. De todas maneras, resulta más interesante tratar de mover a las personas a las cuales me referí con anterioridad que buscar, a través de esta columna, persuadir a los intelectualmente más interesados en las ideas planteadas por los candidatos.
Lo planteo de esta manera porque creo en el sentido de pertenencia que todos podemos llegar a desarrollar. Pero más aun, siendo el hombre egoísta, si se le plantean las ventajas que puede recibir, estará dispuesto a involucrarse en los procesos que a ello conlleven.
Actualmente curso séptimo semestre de la carrera de Jurisprudencia y sinceramente pocos han sido mis intentos por involucrarme con la política estudiantil. Pero soy consciente del mal que me ocasiono al mantenerme al margen de esos procesos, ya que muchas son las ideas que todos podemos aportar además del control que podemos realizar a la gestión de nuestros dirigentes.
Es importante señalar que la invitación que me propongo no es la típica propuesta de oposición ni mucho menos a que se involucren directamente a través de una aspiración a una distinción. Pero si creo que se pueden crear espacios de discusión no sólo políticos, donde se logren proponer ideas, sino también promover la discusión de temas de actualidad. Es posible además, crear un buzón virtual para que anónimamente se participe en la gestión de nuestros representantes. Pero de suprema importancia que también se cree una página de Internet donde se establezcan las metas a realizar y los objetivos superados porque creo que lo que nos margina de la participación, más que la pereza, es la falta de información.
Nuestras directivas y representantes, no deberían esperar los interrogantes o quejas para informarnos de su gestión. Debe ser una preocupación de ellos el que nosotros nos mantengamos informados, para luego no padecer de la típica crítica desinformada: “es que definitivamente yo no veo que hagan nada”. Cuestionamiento muy popular entre los ciudadanos, aun frente a sus gobiernos locales, a causa de la ignorancia en cuanto al desarrollo de proyectos los cuales tienen poca resonancia en los medios. Entonces queridos compañeros, debemos abogar por el derecho a mantenernos informados de lo que se realiza para saber que tenemos a nuestro alcance y que podemos aprovechar. Al mismo tiempo proponer formulas de solución a los problemas, pues entre varias cabezas no solo se crean rebaños, sino además las respuestas que todos reflejamos a los problemas.
Señorita Juliana Nándar y Señor Andrés Ramos junto al resto de representantes electos, en primer lugar mis felicitaciones, de ustedes se esperan grandes cosas, y personalmente sé que tiene la capacidad de realizar lo que se propongan. Lo que si les pido, sin ningún derecho hacerlo aclaro, es que se destaquen en su gestión y generen en los mas apartados el interés que nos hace falta para mejorar nuestra institución. Ya que la carrera se termina después de un periodo, pero Rosaristas permanecemos de por vida, que bueno sería apreciar un proceso de inclusión de los estudiantes de todas las carreras a través del tiempo, enalteciendo el nombre de: Nuestro Colegio Mayor del Rosario.
Julio Alberto Pumarejo
miércoles, 15 de octubre de 2008
Materias sin créditos… ¿Cuál es el criterio?

Gran parte de las reformas impulsadas desde la facultad de jurisprudencia, son resultado de un estudio insuficiente y una pobre exploración de los posibles resultados, lo que termina soslayando los criterios objetivos que supuestamente han inspirado los procesos. De allí surge una inquietud; ¿Por qué motivo Taller de Cultura Rosarista, Práctica Jurídica y Consultorio Jurídico en el nuevo sistema, no tiene un reconocimiento en término de créditos académicos?
Recuerdo un par de reuniones informativas realizadas por la facultad en el 2005 y 2006 para tratar la implementación del nuevo sistema de créditos en la facultad. Todos los estudiantes fuimos invitados y cuando brotó esta pregunta, descubrimos que no había respuesta por parte de las directivas. Tanto en la reunión de 2005 como en la de 2006, las inquietudes y preocupaciones que manifestamos a la secretaria académica y al director de pregrado del momento no fueron contestadas. La única respuesta que nos ofreció la facultad fue que las posibles consecuencias negativas de no darle créditos a Práctica Jurídica y Consultorio Jurídico, se tratarían cuando la primera generación enfrentara esa situación.
Es ofensivo que las directivas asuman respuestas evasivas frente a una problemática que se avizoraba desde tiempo atrás. Pero esto sería anecdótico apenas si el problema se hubiera resuelto, pero para finales de mayo de 2008 se citó a una reunión de inducción de la práctica jurídica y allí, ante la reiteración de nuestros cuestionamientos, el Coordinador de la Práctica contestó que ignoraba las razones que inspiraron el cambio realizado dos años atrás. En una nueva inducción realizada en agosto de 2008, se manifestó que había cambio el sistema de calificaciones pero que se ignoraba el criterio de la nueva decisión. Es alarmante que las directivas de la Facultad desconozcan los criterios que guiaron los cambios impulsados desde la Facultad.
Veamos por qué este asunto es tan importante para nosotros los estudiantes. Desde el punto de vista práctico, esta medida está generando una carga desproporcionada cuando un estudiante enfrenta séptimo semestre, pues debe responder por 6 o 7 materias adicionales a la práctica en la cual se debe cumplir con un total de 144 horas. En ese nuevo esquema es como si nos advirtieran que esa labor no tiene reconocimiento alguno, y que la Práctica o el Consultorio son algo así como labores extracurriculares a las cuales se pudiera asistir o no. Lo anterior implica que los estudiantes de estos semestres, próximos a su graduación, no tienen tiempo para profundizar en sus estudios o investigar temas de interés.
Por otro parte, se presenta el Decreto 2566 de 2003 el cual impuso a las universidades colombianas un sistema de créditos vulnerando su autonomía y rebajando la calidad de su educación (he aquí otro tema para ser analizado en otro artículo). Sin embargo, permite que el estudiante estructure su educación según sus propios intereses y su disponibilidad horaria. Este Decreto estipula que, “El tiempo estimado de actividad académica del estudiante (…), se expresará en unidades denominadas Créditos Académicos”. Según la misma normatividad, un crédito académico equivale a 48 horas de trabajo académico de cada estudiante. La contradicción es palmaria; cada materia que vemos en la Universidad deberá estar representada en créditos académicos de acuerdo al trabajo que demanda y así permitir que el estudiante organice su actividad académica según su disponibilidad horaria. Esto demuestra que la implementación del nuevo sistema de créditos, que inició en el segundo periodo de 2005 (luego de expedido el decreto) no tuvo en cuenta la normatividad en el asunto y por el contrario establece materias como Taller de Cultura Rosarista, Práctica Jurídica y Consultorio Jurídico sin representación en créditos, ¿acaso cree la facultad que estas materias no representan labor alguna? ¿O será que la imposición del nuevo sistema perturbó la planeación realizada por la facultad y llevó a decisiones de este tipo? Establecer que estas materias no sean calificadas, sino simplemente aprobadas o improbadas, genera aun más dificultades e inconformismos. Si las medidas tomadas por la Facultad no responden a las necesidades de los estudiantes, contravienen el concepto de universidad de investigación y ni siquiera respetan la normatividad nacional, entonces, ¿Cuál es el criterio?
David R. Rodríguez Navarro
Que no te impongan un pensamiento

Es bastante difícil ver que la gente, sin pensar, sigue a los demás como un rebaño lo haría detrás de su pastor, amedrentado por los perros ovejeros. Pero creo que esto no es lo más grave, por que digamos que esta manera de hacer política, es la que actualmente rige en Colombia.
Lo más grave es que, además de no existir un ejercicio de la razón detrás del voto, tampoco existe mucha disposición para cambiarlo. Las más férreas posiciones, muchas veces inamovibles, sordas e irreflexivas son las que se han visto construir estas semanas alrededor del arco iris político estudiantil. Es difícil de tragarse esto, pensando que estamos en un centro de cultura, en el cual el espíritu de crítica y el universalismo deberían ser nuestro modus vivendi. El voto debería ser a consciencia y no alentado por favoritismos, amistades y prebendas.
La intolerancia, que no necesariamente es con insultos o física, también puede manifestarse en actitudes de las personas. Y creo que todavía, nos queda mucho por aprender en este campo. Vi irrespeto a la palabra; tenemos que aprender a escuchar, estar dispuestos a oír al otro y no despreciar sus ideas por la simple razón de que es el otro. También vi preguntas que buscaban deslegitimar a los representantes y nunca dirigidas a cuestionar las propuestas. El libre desarrollo de la personalidad no puede verse atropellado por el espíritu de la masa.
Cuidado, no reproduzcamos la manera de hacer política en Colombia, no podemos crecer dentro de un ambiente participativo contencioso, hagamos que el respeto y la razón triunfen y nos formen como promotores de una nueva sociedad colombiana. No le sigamos el juego a la intolerancia. Si seguimos promoviendo este tipo de actitudes, seguimos promoviendo nuestro común denominador como colombianos, la violencia.
Julián Jaguar
viernes, 15 de agosto de 2008
Reforma a monitoría… ¿Hacia dónde vamos?
Son varios los cambios que intenta hacer la facultad de jurisprudencia sin planeación alguna, sin verificación de las circunstancias ni consulta a los afectados. Estas decisiones, que en otros términos podríamos denominar, por lo menos, de apresuradas, terminan generando dificultades para los estudiantes y docentes. Este método para tomar decisiones e impulsar cambios es patente, sólo por mencionar algunos casos, en las modificaciones curriculares; en las reformas a la planta de docentes y en la oferta académica. Pero en este caso quiero recordar y pronunciarme sobre el fracaso total del intento de reforma al sistema de monitorías impulsado el año pasado y que terminó en una pila de hojas de vida e información almacenada en alguna parte de la facultad.
Para mediados de octubre de 2007, la facultad anunció una restructuración total al sistema de monitores académicos. Se avizoraban nuevos métodos para elegir al monitor, mayores exigencias para garantizar las calidades del mismo, cursos y estudios para incentivar la carrera académica del estudiante interesado e incluso, una mejor remuneración de esta institución. Con mucha expectativa, los diferentes estudiantes que pretendían iniciar desde sus estudios la carrera académica, presentamos hoja de vida, sábana de notas y un corto ensayo sobre nuestra intención dentro de la referida institución. Luego de este proceso, seríamos sometidos a entrevistas, análisis y ponderaciones para terminar con la elección de los monitores académicos. Un verdadero ejercicio de meritocracia. No obstante, casi un año después todavía estamos esperando la citación a dichas entrevistas.
La reforma fue toda una decepción a pesar de que se trazaron unos criterios objetivos y se diseñó un procedimiento. Quienes estuvimos atentos del proceso, pudimos entender los errores que se cometían al interior de esta reforma. La facultad nunca se tomó la molestia de indagar, preguntar o siquiera informar a los docentes sobre el cambio en el sistema, lo cual, condujo a que pocos profesores se presentaran para que les fuera asignado un monitor. Pero además, los estudiantes interesados en la monitoría serían asignados, si eran elegidos para la materia que querían, a cualquier profesor de la misma. Olvida la facultad que la monitoría no sólo se trata de una relación entre el maestro y un estudiante sobresaliente que desea iniciar su carrera docente. Se trata de una relación entre personas que se conocen y que confían mutuamente en los conocimientos y aportes que uno y otro puedan ofrecer. La gran mayoría de profesores no aceptan la simple asignación de un estudiante por la sábana de notas, y por el contrario, aspiran a tener a su lado un personaje que conozcan y en quien confían. La inoportuna propuesta hecha desde la facultad para elegir discrecionalmente el monitor de cada docente, generó rechazo entre los maestros quienes sólo pensaban la manera de designar de nuevo al monitor en que ellos confiaban, es decir no reconoció la reforma la existencia de una practica reiterada que ha hecho recorrido hasta convertirse en costumbre vinculante.
Los resultados son conocidos por todos. La tan exaltada reforma fue un fracaso total, los cambios y mejoras no se realizaron y para el segundo semestre de 2008, continuamos con un régimen desgastado y sin perspectivas, pues la práctica de dejar al libre albedrío del profesor la selección de los monitores, no garantiza la idoneidad moral y académica de los mismos.
Seguramente, todos entendemos la importancia del monitor académico. Es una institución fundamental para el proceso enseñanza aprendizaje; incentiva a los estudiantes que desean iniciar una carrera docente desde la misma universidad. Sin embargo, como parece sucedió cuando se intentó la misma reforma al momento de establecer al sistema de créditos por allá en 1998, la facultad se desgastó a si misma y permitió lo propio con estudiantes y profesores. Lo más significativo de este fracaso, es que otros procedimientos o reformas parecen estar afectadas por el mismo ambiente. Entonces, ¿Hacia dónde vamos?
David R. Rodríguez Navarro
Para mediados de octubre de 2007, la facultad anunció una restructuración total al sistema de monitores académicos. Se avizoraban nuevos métodos para elegir al monitor, mayores exigencias para garantizar las calidades del mismo, cursos y estudios para incentivar la carrera académica del estudiante interesado e incluso, una mejor remuneración de esta institución. Con mucha expectativa, los diferentes estudiantes que pretendían iniciar desde sus estudios la carrera académica, presentamos hoja de vida, sábana de notas y un corto ensayo sobre nuestra intención dentro de la referida institución. Luego de este proceso, seríamos sometidos a entrevistas, análisis y ponderaciones para terminar con la elección de los monitores académicos. Un verdadero ejercicio de meritocracia. No obstante, casi un año después todavía estamos esperando la citación a dichas entrevistas.
La reforma fue toda una decepción a pesar de que se trazaron unos criterios objetivos y se diseñó un procedimiento. Quienes estuvimos atentos del proceso, pudimos entender los errores que se cometían al interior de esta reforma. La facultad nunca se tomó la molestia de indagar, preguntar o siquiera informar a los docentes sobre el cambio en el sistema, lo cual, condujo a que pocos profesores se presentaran para que les fuera asignado un monitor. Pero además, los estudiantes interesados en la monitoría serían asignados, si eran elegidos para la materia que querían, a cualquier profesor de la misma. Olvida la facultad que la monitoría no sólo se trata de una relación entre el maestro y un estudiante sobresaliente que desea iniciar su carrera docente. Se trata de una relación entre personas que se conocen y que confían mutuamente en los conocimientos y aportes que uno y otro puedan ofrecer. La gran mayoría de profesores no aceptan la simple asignación de un estudiante por la sábana de notas, y por el contrario, aspiran a tener a su lado un personaje que conozcan y en quien confían. La inoportuna propuesta hecha desde la facultad para elegir discrecionalmente el monitor de cada docente, generó rechazo entre los maestros quienes sólo pensaban la manera de designar de nuevo al monitor en que ellos confiaban, es decir no reconoció la reforma la existencia de una practica reiterada que ha hecho recorrido hasta convertirse en costumbre vinculante.
Los resultados son conocidos por todos. La tan exaltada reforma fue un fracaso total, los cambios y mejoras no se realizaron y para el segundo semestre de 2008, continuamos con un régimen desgastado y sin perspectivas, pues la práctica de dejar al libre albedrío del profesor la selección de los monitores, no garantiza la idoneidad moral y académica de los mismos.
Seguramente, todos entendemos la importancia del monitor académico. Es una institución fundamental para el proceso enseñanza aprendizaje; incentiva a los estudiantes que desean iniciar una carrera docente desde la misma universidad. Sin embargo, como parece sucedió cuando se intentó la misma reforma al momento de establecer al sistema de créditos por allá en 1998, la facultad se desgastó a si misma y permitió lo propio con estudiantes y profesores. Lo más significativo de este fracaso, es que otros procedimientos o reformas parecen estar afectadas por el mismo ambiente. Entonces, ¿Hacia dónde vamos?
David R. Rodríguez Navarro
¿Y el Paraíso?
Una biblioteca universitaria no se puede limitar a ser un espacio de investigación y consulta donde únicamente se consigue un buen material bibliográfico para lo que la academia exige. Una verdadera biblioteca debe ser, además de eso, un espacio de dispersión, de interdisciplinariedad, un lugar de cultura y magia donde los miembros de la universidad puedan expandir su conocimiento y dejar rodar su mente por los miles de mundos, realidades y verdades que están dentro de los libros. Una verdadera biblioteca debe ser un lugar donde surjan ideas, se conozcan pensamientos, se presenten autores y personajes, teorías y críticas, donde quien entra lo hace no sólo por deber sino también por gusto. La biblioteca debe ser la impulsora principal de la cultura, de la literatura, del arte, de la escritura. Debe generar en la comunidad la gran virtud de la curiosidad.
Una verdadera biblioteca hace que recordemos la historia, hace que revivamos leyendas, que indaguemos en el tiempo y el espacio, nos debe permitir romper las reglas de la física, de la lógica y de la naturaleza. Nos debe llevar a soñar, imaginar, a pensar. Debe permitirnos como en la Rayuela de Cortazar, pasar del cielo al infierno de un sólo brinco.
Considero pues, que la biblioteca de la universidad peca en ser un simple espacio de investigación y fortalecimiento académico, y que ha abandonado todas las otras virtudes que una biblioteca tiene, ya que en los años que llevo de estudiante jamás he visto que sea promotora de lectura, al revisar las secciones que corresponden a temas diferentes de los que se estudian en la universidad me he dado cuenta que no hay buenos libros, la bibliografía en literatura es muy esencial y no profundiza en autores ni en temáticas. Tampoco he visto que promueva el debate critico que puede existir entre lectores y mucho menos que sea un lugar donde se encuentre cultura y arte. Es sin duda una biblioteca que no se preocupa por ser un espacio de interdisciplinariedad y dispersión para los estudiantes.
En fin a la biblioteca de la universidad le hacen falta todos esos aspectos que no en vano llevaron a Borges a afirmar: “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”.
Juan Francisco Soto Hoyos
Una verdadera biblioteca hace que recordemos la historia, hace que revivamos leyendas, que indaguemos en el tiempo y el espacio, nos debe permitir romper las reglas de la física, de la lógica y de la naturaleza. Nos debe llevar a soñar, imaginar, a pensar. Debe permitirnos como en la Rayuela de Cortazar, pasar del cielo al infierno de un sólo brinco.
Considero pues, que la biblioteca de la universidad peca en ser un simple espacio de investigación y fortalecimiento académico, y que ha abandonado todas las otras virtudes que una biblioteca tiene, ya que en los años que llevo de estudiante jamás he visto que sea promotora de lectura, al revisar las secciones que corresponden a temas diferentes de los que se estudian en la universidad me he dado cuenta que no hay buenos libros, la bibliografía en literatura es muy esencial y no profundiza en autores ni en temáticas. Tampoco he visto que promueva el debate critico que puede existir entre lectores y mucho menos que sea un lugar donde se encuentre cultura y arte. Es sin duda una biblioteca que no se preocupa por ser un espacio de interdisciplinariedad y dispersión para los estudiantes.
En fin a la biblioteca de la universidad le hacen falta todos esos aspectos que no en vano llevaron a Borges a afirmar: “Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”.
Juan Francisco Soto Hoyos
¿Para qué sirve el Consejo Estudiantil?
En mis tres años de frecuencia a la Universidad nunca he podido saber cuál es la función de este Consejo. Puedo decir, que como estudiante, nunca he recibido documento alguno que me aclare las ideas y más bien he captado que se trata de un organismo más simbólico que útil. Al entrar, con sueños en la cabeza, al escuchar que esta universidad era de los estudiantes y pensando que las cosas eran distintas que en el colegio, imaginé que se trataba de una órgano colegiado que tenía un poder real. Que efectivamente los estudiantes, no los colegiales, tenían alguna incidencia en la vida universitaria. Con el tiempo se ratificó mi idea de que tal Consejo no existía.
Para aclarar mi mente, consulté los decretos rectorales que tal vez aludiría el tema. Y allí vi que la labor más importante del Consejo, y a mi juicio la única, es la de formar parte del Consejo de Asuntos Disciplinarios (Art. 13 Dto. 948) que conoce sobre los procesos disciplinarios. De resto, no me fue manifiesta ninguna otra función. Y esto me parece grave. Si existe una institución que representa a los estudiantes, esta debería dejar de ser meramente figurativa. Deberíamos darle otra responsabilidad y que pueda tener acceso, así sea como órgano consultivo, a tantos procesos que incumben al estudiantado y que se realizan a puerta cerrada.
Todo esto lo digo en título de estudiante, porque pienso que hay una gran desinformación sobre el tema y que tenemos que aprovechar que esta universidad es nuestra. Me opongo a que este organismo se convierta en un consejo de fiestas universitarias y espero que algún día los estudiantes estemos correctamente representados.
Jaime Gaitán
Para aclarar mi mente, consulté los decretos rectorales que tal vez aludiría el tema. Y allí vi que la labor más importante del Consejo, y a mi juicio la única, es la de formar parte del Consejo de Asuntos Disciplinarios (Art. 13 Dto. 948) que conoce sobre los procesos disciplinarios. De resto, no me fue manifiesta ninguna otra función. Y esto me parece grave. Si existe una institución que representa a los estudiantes, esta debería dejar de ser meramente figurativa. Deberíamos darle otra responsabilidad y que pueda tener acceso, así sea como órgano consultivo, a tantos procesos que incumben al estudiantado y que se realizan a puerta cerrada.
Todo esto lo digo en título de estudiante, porque pienso que hay una gran desinformación sobre el tema y que tenemos que aprovechar que esta universidad es nuestra. Me opongo a que este organismo se convierta en un consejo de fiestas universitarias y espero que algún día los estudiantes estemos correctamente representados.
Jaime Gaitán
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