jueves, 16 de abril de 2009
Nuestro inglés, negocio de unos pocos
La implementación del Decreto 869 de 2005 como exigencia de pregrado, ha generado dificultades y consecuencias catastróficas para la comunidad estudiantil. Mediante esta norma, se cambió la exigencia de segundo idioma que ahora deberá ser presentada a mitad de carrera y no como requisito de grado. Esto es un gran avance en las exigencias académicas de la Universidad. Sin embargo, debido a un claro interés económico de la Universidad, esta exigencia no fue acompañada de una política educativa del idioma sino que se constituyó como una carga para el estudiante, aumentando así el mercado para las instituciones que dictan inglés.
La exigencia de un idioma que no es ofrecido en la Universidad, aumentó los niveles de deserción en todas las facultades, llegando a niveles de hasta 60% en ciertos programas. Este inconveniente es aún mayor en la facultad de Rehabilitación donde la mayoría han tenido que retirarse de la Universidad: hay semestres donde sólo aprueban el requisito una o dos personas. El problema principal radica en que la falta de enseñanza de inglés dentro de la Universidad, implica una serie de costos y tiempo adicional para los estudiantes que se ven obligados a acudir a instituciones privadas o cursos externos a la institución. La situación económica de algunos estudiantes no ha permitido acceder a cursos de calidad, por lo que han optado por cursos virtuales como el del SENA u otros ofrecidos en internet. Como resultado de esta opción, de 12 estudiantes que completaron los cursos, sólo 1 aprobó los niveles del PET exigidos. Recordemos que el 23% de los estudiantes que ingresan a la Universidad no tienen conocimiento alguno de inglés y el 33% no está en la capacidad de aprobar los exámenes requeridos.
Los estudiantes hemos presentado numerosas propuestas a la Universidad, entre las cuales se encuentra la posibilidad de ofrecer inglés como materia electiva por medio de un convenio interinstitucional como se hace con el francés, el alemán y tantos otros idiomas que sí son ofertados (y de paso mejorar algunas electivas como Protocolo y Etiqueta que sólo pretenden mantener un pensamiento clasista y excluyente). También se propuso la creación de un Centro de Idiomas, existente en todas las grandes Universidades y que brilla por su ausencia en el Colegio Mayor. Incluso se presentó la posibilidad de dictar inglés por parte de algunos profesores de la Escuela de Ciencias Humanas que tienen altos niveles en esta competencia.
La respuesta de la Universidad ha variado entre la indignación y la resignación. En algunas oportunidades se nos indicó que el Centro de Idiomas (principal propuesta, ya que esto garantizaría una educación complementaria y de calidad) estaba sometido a la construcción de la nueva sede, realidad que no parece estar cercana. A los diferentes representantes estudiantiles que han presentado el tema ante la Vicerrectoría, se les manifestó que el inglés era una competencia que debíamos traer desde el Colegio y que la Universidad no debía responder por ello. Olvidan las directivas que para el 2006, sólo el 7% de los colegios en Colombia ofrecían buenos niveles de inglés en su pensum y menos del 4% manejaban inglés en su totalidad. ¿Cómo exigen entonces que el inglés sea una competencia escolar? El argumento de la Universidad pierde sustento cuando vemos que otras competencias que sí debían ser garantizadas por la educación secundaria (lectoescritura, redacción, análisis matemático) son ofrecidas por la Universidad mediante el programa de Estudios Profesionales. ¿Por qué no se tiene la misma actitud frente a los bajos niveles de inglés? Asimismo, debemos añadir la actitud de los representantes estudiantiles (con la excepción de Ciencia Política, Ciencias Humanas y Jurisprudencia) que en diferentes reuniones se han plantado como acérrimos defensores de las directivas y no como representantes del estudiantado. Ha llegado a tal punto el descaro de algunos representantes que, por ejemplo, la presidenta del consejo estudiantil de Rehabilitación afirma ser “representante de los estudiantes y de las directivas”. ¿Será que esta posición responde a una designación que se hizo sin votación popular sino por voluntad de unos pocos?
Resulta curioso del tema expuesto que a pesar de los intentos e insistencias de los estudiantes y representantes, la Universidad ha optado por una actitud desobligada, indiferente y apática. Pero es aún más inquietante cuando se evidencia una estrecha relación entre las directivas y el Wall Street Institute, quien tiene incluso sede dentro de la Universidad (espacio que podríamos usar para ampliar las salas de estudio) y que, por supuesto, vería destrozado su negocio si la Universidad ofertara el inglés. Lo más preocupante es que las directivas se opongan sin argumento a las peticiones y propuestas de los estudiantes, manteniéndose ajenas al problema. Por este motivo, hago un llamado público para que las directivas, por este mismo medio, expongan ante los estudiantes las verdaderas razones de su negativa a las propuestas y solicitudes de los estudiantes y nos indiquen si realmente se desentenderán de esta compleja problemática. Espero que por lo menos esta propuesta sea aceptada por los dirigentes de la Institución.
David R. Rodríguez
La exigencia de un idioma que no es ofrecido en la Universidad, aumentó los niveles de deserción en todas las facultades, llegando a niveles de hasta 60% en ciertos programas. Este inconveniente es aún mayor en la facultad de Rehabilitación donde la mayoría han tenido que retirarse de la Universidad: hay semestres donde sólo aprueban el requisito una o dos personas. El problema principal radica en que la falta de enseñanza de inglés dentro de la Universidad, implica una serie de costos y tiempo adicional para los estudiantes que se ven obligados a acudir a instituciones privadas o cursos externos a la institución. La situación económica de algunos estudiantes no ha permitido acceder a cursos de calidad, por lo que han optado por cursos virtuales como el del SENA u otros ofrecidos en internet. Como resultado de esta opción, de 12 estudiantes que completaron los cursos, sólo 1 aprobó los niveles del PET exigidos. Recordemos que el 23% de los estudiantes que ingresan a la Universidad no tienen conocimiento alguno de inglés y el 33% no está en la capacidad de aprobar los exámenes requeridos.
Los estudiantes hemos presentado numerosas propuestas a la Universidad, entre las cuales se encuentra la posibilidad de ofrecer inglés como materia electiva por medio de un convenio interinstitucional como se hace con el francés, el alemán y tantos otros idiomas que sí son ofertados (y de paso mejorar algunas electivas como Protocolo y Etiqueta que sólo pretenden mantener un pensamiento clasista y excluyente). También se propuso la creación de un Centro de Idiomas, existente en todas las grandes Universidades y que brilla por su ausencia en el Colegio Mayor. Incluso se presentó la posibilidad de dictar inglés por parte de algunos profesores de la Escuela de Ciencias Humanas que tienen altos niveles en esta competencia.
Hago un llamado público para que las directivas, por este mismo medio, expongan ante los estudiantes las verdaderas razones de su negativa a las propuestas y solicitudes de los estudiantes.
La respuesta de la Universidad ha variado entre la indignación y la resignación. En algunas oportunidades se nos indicó que el Centro de Idiomas (principal propuesta, ya que esto garantizaría una educación complementaria y de calidad) estaba sometido a la construcción de la nueva sede, realidad que no parece estar cercana. A los diferentes representantes estudiantiles que han presentado el tema ante la Vicerrectoría, se les manifestó que el inglés era una competencia que debíamos traer desde el Colegio y que la Universidad no debía responder por ello. Olvidan las directivas que para el 2006, sólo el 7% de los colegios en Colombia ofrecían buenos niveles de inglés en su pensum y menos del 4% manejaban inglés en su totalidad. ¿Cómo exigen entonces que el inglés sea una competencia escolar? El argumento de la Universidad pierde sustento cuando vemos que otras competencias que sí debían ser garantizadas por la educación secundaria (lectoescritura, redacción, análisis matemático) son ofrecidas por la Universidad mediante el programa de Estudios Profesionales. ¿Por qué no se tiene la misma actitud frente a los bajos niveles de inglés? Asimismo, debemos añadir la actitud de los representantes estudiantiles (con la excepción de Ciencia Política, Ciencias Humanas y Jurisprudencia) que en diferentes reuniones se han plantado como acérrimos defensores de las directivas y no como representantes del estudiantado. Ha llegado a tal punto el descaro de algunos representantes que, por ejemplo, la presidenta del consejo estudiantil de Rehabilitación afirma ser “representante de los estudiantes y de las directivas”. ¿Será que esta posición responde a una designación que se hizo sin votación popular sino por voluntad de unos pocos?
Resulta curioso del tema expuesto que a pesar de los intentos e insistencias de los estudiantes y representantes, la Universidad ha optado por una actitud desobligada, indiferente y apática. Pero es aún más inquietante cuando se evidencia una estrecha relación entre las directivas y el Wall Street Institute, quien tiene incluso sede dentro de la Universidad (espacio que podríamos usar para ampliar las salas de estudio) y que, por supuesto, vería destrozado su negocio si la Universidad ofertara el inglés. Lo más preocupante es que las directivas se opongan sin argumento a las peticiones y propuestas de los estudiantes, manteniéndose ajenas al problema. Por este motivo, hago un llamado público para que las directivas, por este mismo medio, expongan ante los estudiantes las verdaderas razones de su negativa a las propuestas y solicitudes de los estudiantes y nos indiquen si realmente se desentenderán de esta compleja problemática. Espero que por lo menos esta propuesta sea aceptada por los dirigentes de la Institución.
David R. Rodríguez
El Derecho a expresarnos libremente
El derecho a la libertad de expresión se manifiesta de muchas maneras, todas ellas protegidas por la constitución colombiana. Una expresión evidente, que es ejercida en todas las grandes Universidades del país pero censurada ferozmente en el Rosario, es exponer al público afiches, imágenes o textos que no atenten contra el orden público. En el Colegio Mayor, lamentablemente, hemos visto como se ha restringido nuestro legítimo derecho a exponer nuestros pensamientos y nuestras ideas en afiches, pasquines o documentos de todo tipo.
El proceso para tener algún tipo de comunicación en las carteleras disponibles en la Universidad es largo y poco alentador. Se debe enviar el material una semana antes a cuando se piensa exponerlo al público para que sean sellados y luego expuestos. Su aprobación está sometida al criterio de una persona quien decide que puede y que no puede decirse en la Universidad. Su exposición de somete al libre albedrío del trabajador que los pega en cualquier espacio disponible de la universidad. Finalmente, después de este burocrático proceso, puede que el afiche ni siquiera cumpla con su cometido ya que los lugares más visibles siempre están acaparados por las comunicaciones oficiales y los mensajes, que en palabras de quien aprueba se exposición “tienen una buena actitud”. Luego de todo esto, es posible que termine en el olvidado panel del piso 8 de la torre 2. Estas trabas limitarían la libre expresión del estudiante más paciente y cortés que pueda existir
En este tema, como otros en esta Universidad, el formalismo prima sobre la racionalidad. Aunque existan espacios libres en las carteleras, y los estudiantes peguen sus carteles respetando los demás, únicamente por no tener el sello “oficial” son quitados sin cuartel. De tal manera que ya ni siquiera el espacio dispuesto para ello es apto para pegar carteles. Esto recuerda las épocas de la Alemania Nazi donde cualquier tipo de comunicación debía ser aprobada por el sello S.S. Si algunas veces se reparten volantes o pegan afiches sin autorización, es por la imposibilidad de ser aprobado por un comité de censura existente dentro de la Institución
Demando a través de este artículo, que la Universidad sea mucho más abierta al tema de los carteles y afiches, que se abran más espacios para que el estudiante pueda exponer lo que a bien tenga y que deje de ser tan formal y se de cuenta que el estudiante necesita expresarse para crecer
Julián Jaccard
El proceso para tener algún tipo de comunicación en las carteleras disponibles en la Universidad es largo y poco alentador. Se debe enviar el material una semana antes a cuando se piensa exponerlo al público para que sean sellados y luego expuestos. Su aprobación está sometida al criterio de una persona quien decide que puede y que no puede decirse en la Universidad. Su exposición de somete al libre albedrío del trabajador que los pega en cualquier espacio disponible de la universidad. Finalmente, después de este burocrático proceso, puede que el afiche ni siquiera cumpla con su cometido ya que los lugares más visibles siempre están acaparados por las comunicaciones oficiales y los mensajes, que en palabras de quien aprueba se exposición “tienen una buena actitud”. Luego de todo esto, es posible que termine en el olvidado panel del piso 8 de la torre 2. Estas trabas limitarían la libre expresión del estudiante más paciente y cortés que pueda existir
En este tema, como otros en esta Universidad, el formalismo prima sobre la racionalidad. Aunque existan espacios libres en las carteleras, y los estudiantes peguen sus carteles respetando los demás, únicamente por no tener el sello “oficial” son quitados sin cuartel. De tal manera que ya ni siquiera el espacio dispuesto para ello es apto para pegar carteles. Esto recuerda las épocas de la Alemania Nazi donde cualquier tipo de comunicación debía ser aprobada por el sello S.S. Si algunas veces se reparten volantes o pegan afiches sin autorización, es por la imposibilidad de ser aprobado por un comité de censura existente dentro de la Institución
Demando a través de este artículo, que la Universidad sea mucho más abierta al tema de los carteles y afiches, que se abran más espacios para que el estudiante pueda exponer lo que a bien tenga y que deje de ser tan formal y se de cuenta que el estudiante necesita expresarse para crecer
Julián Jaccard
El Genoma del Rosarista
Justo cuando creí comprender el mapa genético de un Rosarista, desapareció mi principal fuente de estudio (lo cual fue un alivio para mí). Sin embargo, esporádicamente aparece y me permite especular sobre cuál es aquel gen contaminado con un virus mortal que está en el ADN del Rosarista y que lo hace portador de una enfermedad que en algunos casos no se ha desarrollado y, en otros, ha avanzado terriblemente aunque se niegan a aceptarlo.
¿Será que el gen maldito que está en el ADN es checho el desecho? Me resisto a creerlo. Posiblemente el gen esté en la verídica, seria y contundente información que nos brinda (como aquella vez que sostuvieron que el evento de Rock al Parque no se realizaría)…En fin, creo que todos sabemos que el gen maldito está al final de la cadena del ADN.
Es obvio, en horas de la mañana recibimos el ADN y lo llevamos al salón. Cuando menos nos percatamos, el profesor está hablándole al aire mientras que sus estudiantes están sumamente preocupados por lo que pronostica el horóscopo. El estrés que les genera no poder llenar el crucigrama tiene proporciones cada vez menos sanas y la sensación voluptuosa de tener el ego en las nubes cuando se llena el sudoku, hacen que la cátedra pierda su papel fundamental en nuestra formación y pasa a planos secundarios.
Algunos pensarán que el ADN no tiene nada de malo y que, por el contrario, nos da una lección de cómo acabar con la competencia, nos trae información de primerísima mano, que permite un entrenamiento simple y QUE ES GRATIS. Recibir esta fuente de ignorancia nubla nuestros sentidos y nos somete a una información sin beneficio de inventario. Incluso se encuentran constantes errores de ortografía y redacción ¿No se dan cuenta del atentado al periodismo y A LA NATURALEZA que perpetra este diario? No obstante, lo realmente inquietante es el motivo por el cual la Universidad permite la distribución de este diario dentro de las instalaciones mientras que limita considerablemente la circulación de las propuestas estudiantiles. ¿Habrá algún tipo de interés económico detrás de este permiso?
Porque lo he vivido, me opongo totalmente a la distribución de este diario en las inmediaciones del Colegio Mayor. Porque me desespera llegar a un salón de clase y ver unos cuantos ejemplares en los puestos y el suelo con crucigramas a medio terminar. Porque me desespera que me pregunten el símbolo del Estroncio en la mitad de la clase; porque odio irracionalmente a checho el desecho y porque desconfío mucho de la información que en este medio se plasma, invito al respetable lector de esta publicación que no reciba más el ADN.
Ricardo Álvarez
¿Será que el gen maldito que está en el ADN es checho el desecho? Me resisto a creerlo. Posiblemente el gen esté en la verídica, seria y contundente información que nos brinda (como aquella vez que sostuvieron que el evento de Rock al Parque no se realizaría)…En fin, creo que todos sabemos que el gen maldito está al final de la cadena del ADN.
Es obvio, en horas de la mañana recibimos el ADN y lo llevamos al salón. Cuando menos nos percatamos, el profesor está hablándole al aire mientras que sus estudiantes están sumamente preocupados por lo que pronostica el horóscopo. El estrés que les genera no poder llenar el crucigrama tiene proporciones cada vez menos sanas y la sensación voluptuosa de tener el ego en las nubes cuando se llena el sudoku, hacen que la cátedra pierda su papel fundamental en nuestra formación y pasa a planos secundarios.
Algunos pensarán que el ADN no tiene nada de malo y que, por el contrario, nos da una lección de cómo acabar con la competencia, nos trae información de primerísima mano, que permite un entrenamiento simple y QUE ES GRATIS. Recibir esta fuente de ignorancia nubla nuestros sentidos y nos somete a una información sin beneficio de inventario. Incluso se encuentran constantes errores de ortografía y redacción ¿No se dan cuenta del atentado al periodismo y A LA NATURALEZA que perpetra este diario? No obstante, lo realmente inquietante es el motivo por el cual la Universidad permite la distribución de este diario dentro de las instalaciones mientras que limita considerablemente la circulación de las propuestas estudiantiles. ¿Habrá algún tipo de interés económico detrás de este permiso?
Porque lo he vivido, me opongo totalmente a la distribución de este diario en las inmediaciones del Colegio Mayor. Porque me desespera llegar a un salón de clase y ver unos cuantos ejemplares en los puestos y el suelo con crucigramas a medio terminar. Porque me desespera que me pregunten el símbolo del Estroncio en la mitad de la clase; porque odio irracionalmente a checho el desecho y porque desconfío mucho de la información que en este medio se plasma, invito al respetable lector de esta publicación que no reciba más el ADN.
Ricardo Álvarez
domingo, 15 de marzo de 2009
La Mediocridad de la Educación por Competencias
El ingreso del sistema neoliberal en Colombia ha tenido catastróficas consecuencias en nuestro país. En la educación, particularmente, ha logrado imponer un sistema denominado formación por competencias, modelo educativo que sustituye la formación en conocimiento por la formación en habilidades o destrezas prácticas acorde a las necesidades del mercado. Este modelo se fundamenta en la falacia según la cual en un mundo globalizado el conocimiento es tan cambiante que se hace obsoleto, innecesario. Por lo tanto, a los estudiantes no se les debe enseñar conocimientos sino que la educación debe reducirse a enseñar simples habilidades prácticas. De ahí la conocida frase de “saber – hacer”. Este sistema que reduce la calidad académica y forma generaciones de estudiantes técnicos y prácticos, pero sin los conocimientos teóricos fundamentales, fue implantado por el gobierno nacional mediante el Plan de “Desarrollo” 2006 en su artículo 6º. Desafortunadamente y en contra del principio de autonomía universitaria y calidad académica, las directivas del Claustro aceptaron los designios del mercado internacional y del gobierno nacional.
Las últimas reformas impulsadas desde la Facultad de Jurisprudencia demuestran esta tendencia a darle primacía al conocimiento y a la educación práctica, en perjuicio de la educación teórica y científica. Desde ahora indico que no estoy en contra de la educación práctica, por el contrario, esta es necesaria para el desarrollo integral del estudiante. En lo que no estoy de acuerdo es que el incentivo por la práctica genere un detrimento en la educación teórica y científica que brinda la institución.
Tales son los casos de la reforma impulsada en el segundo semestre de 2005. En dicha oportunidad se decidió reducir el horario de las materias y la fusión de cátedras fundamentales que antes se dictaban en un horario mucho mayor. Por ejemplo, la enseñanza de la base del derecho civil -me refiero a Personas y Familia. Materias que antes dictaban en un año cada una, que luego se redujeron a un semestre cada una, quedaron reducidas a una materia de 1 semestre denominada “Derecho Civil Personas y Familia”. La segunda gran reforma impulsada el semestre anterior, logró sacar de las cátedras obligatorias una materia científica como teoría del delito y la pena. Además, hicieron otra amputación científica al unir en una sola materia las cátedras de teoría del estado y teoría constitucional.
Reitero que no me opongo a la formación práctica, pero esta debe ser complemento de una educación científica y de calidad. La Universidad y en concreto la Facultad de Jurisprudencia, nos está convirtiendo en técnicos del derecho y no en verdaderos científicos que podamos, eventualmente, generar nuevo conocimiento o avanzar en las posiciones actuales. Existe otra gran dificultad al respecto: la vulneración de la autonomía universitaria, principio constitucional que supone la decisión de la comunidad académica sobre qué y cómo se enseña. Al exponer esta crítica ante las directivas de la facultad, la respuesta ha sido que simplemente siguen las directrices del Ministerio de Educación. Entonces me pregunto, ¿dónde quedó la Autonomía Universitaria?
Otras directivas han respondido, desafortunadamente, que la educación sólo servirá si se fundamenta en la práctica ya que la teoría no sirve para litigar en el mundo jurídico. Se demuestra así, que la intención con este tipo de educación es servir como mano de obra para un mercado laboral que ha sido preestablecido internacionalmente, alejándonos de una educación de calidad que nos permita generar un desarrollo económico y productivo propio. O bien, ¿será que la Universidad adoptó el criterio del ex rector de la Universidad Nacional, Marco Palacio, quien en una entrevista se atrevió a afirmar que la universidad estaba enseñando mucho a los estudiantes?
David R. Rodríguez N.
Las últimas reformas impulsadas desde la Facultad de Jurisprudencia demuestran esta tendencia a darle primacía al conocimiento y a la educación práctica, en perjuicio de la educación teórica y científica. Desde ahora indico que no estoy en contra de la educación práctica, por el contrario, esta es necesaria para el desarrollo integral del estudiante. En lo que no estoy de acuerdo es que el incentivo por la práctica genere un detrimento en la educación teórica y científica que brinda la institución.
Las últimas reformas impulsadas desde la Facultad de Jurisprudencia demuestran esta tendencia a darle primacía al conocimiento y a la educación práctica, en perjuicio de la educación teórica y científica.
Tales son los casos de la reforma impulsada en el segundo semestre de 2005. En dicha oportunidad se decidió reducir el horario de las materias y la fusión de cátedras fundamentales que antes se dictaban en un horario mucho mayor. Por ejemplo, la enseñanza de la base del derecho civil -me refiero a Personas y Familia. Materias que antes dictaban en un año cada una, que luego se redujeron a un semestre cada una, quedaron reducidas a una materia de 1 semestre denominada “Derecho Civil Personas y Familia”. La segunda gran reforma impulsada el semestre anterior, logró sacar de las cátedras obligatorias una materia científica como teoría del delito y la pena. Además, hicieron otra amputación científica al unir en una sola materia las cátedras de teoría del estado y teoría constitucional.
Reitero que no me opongo a la formación práctica, pero esta debe ser complemento de una educación científica y de calidad. La Universidad y en concreto la Facultad de Jurisprudencia, nos está convirtiendo en técnicos del derecho y no en verdaderos científicos que podamos, eventualmente, generar nuevo conocimiento o avanzar en las posiciones actuales. Existe otra gran dificultad al respecto: la vulneración de la autonomía universitaria, principio constitucional que supone la decisión de la comunidad académica sobre qué y cómo se enseña. Al exponer esta crítica ante las directivas de la facultad, la respuesta ha sido que simplemente siguen las directrices del Ministerio de Educación. Entonces me pregunto, ¿dónde quedó la Autonomía Universitaria?
Otras directivas han respondido, desafortunadamente, que la educación sólo servirá si se fundamenta en la práctica ya que la teoría no sirve para litigar en el mundo jurídico. Se demuestra así, que la intención con este tipo de educación es servir como mano de obra para un mercado laboral que ha sido preestablecido internacionalmente, alejándonos de una educación de calidad que nos permita generar un desarrollo económico y productivo propio. O bien, ¿será que la Universidad adoptó el criterio del ex rector de la Universidad Nacional, Marco Palacio, quien en una entrevista se atrevió a afirmar que la universidad estaba enseñando mucho a los estudiantes?
David R. Rodríguez N.
BENDITAS LAS TIENDAS DE CAFÉ OMA
¡Bendita la hora en que llegaron a nuestra Universidad las tiendas de Café OMA! Bendita la hora porque los módicos precios de sus productos permiten, hoy por hoy, a cientos y cientos de estudiantes disfrutar de tan distintos tentempiés por unos cuantos pesillos. Bonita manera de orquestar el excelente negocio al servicio e interés del estudiantado, cuando los precios de este semestre, por ejemplo, bajaron de $3100 a $4500 pesitos en emparedados de Jamón y Queso… ¿Qué decir del “gangazo” en precios de las galletas de mora? Pasaron de estar de unos dispendiosos $1300 a unos moderados $1500…
Si le parece poquito estimado lector, observe la increíble y generosa disminución en los combos que allí se venden. Algunos pasaron de elevados $4500 a unos asequibles $6800 pesos.
Significativo y admirable servicio entonces, el que viene desarrollando ésta pequeña empresa denominada OMA. Empresa que ha encontrado sendas dificultades para posicionarse en el mercado local y nacional, al tener sólo un puñado de establecimientos en Bogotá y toda Colombia. Seguramente, la nueva estrategia de OMA en este semestre, dentro de la Universidad, de disminuir paulatinamente los precios, es una arriesgada táctica que no procura la ganancia y utilidad del negocio, sino el bienestar y la economía de nosotros los estudiantes.
De igual modo, da gusto comprar y apoyar a OMA, debido a la tramposa y compleja competencia que se le presenta al interior de la universidad. Me refiero con ello (y acuso públicamente) a la temible, monstruosa y monopolística máquina de café del Edificio Nuevo del claustro, que con alarmantes artimañas y con todo su poderío mercantil y económico, intenta acabar a las humildes tiendas de Café OMA. La amenazada OMA ha respondido a su magnánimo rival con estrategias honestas y serviciales encaminadas al rendimiento del diario presupuesto estudiantil.
Aspiro a que con éste pequeño artículo la Universidad NO tome cartas en el asunto y deje a OMA seguir con la íntegra política de manejar los precios como mejor les parece, pues la experiencia nos ha demostrado que todos nos beneficiamos con la honesta y altruista labor en la cual se empeñan estas progresistas y dóciles tiendas de Café OMA.
Héctor Hurtatis Espinosa
Si le parece poquito estimado lector, observe la increíble y generosa disminución en los combos que allí se venden. Algunos pasaron de elevados $4500 a unos asequibles $6800 pesos.
Significativo y admirable servicio entonces, el que viene desarrollando ésta pequeña empresa denominada OMA. Empresa que ha encontrado sendas dificultades para posicionarse en el mercado local y nacional, al tener sólo un puñado de establecimientos en Bogotá y toda Colombia. Seguramente, la nueva estrategia de OMA en este semestre, dentro de la Universidad, de disminuir paulatinamente los precios, es una arriesgada táctica que no procura la ganancia y utilidad del negocio, sino el bienestar y la economía de nosotros los estudiantes.
Me refiero a la temible, monstruosa y monopolística máquina de café del Edificio Nuevo del Claustro, que con sus alarmantes artimañas intenta acabar con las humildes tiendas de Café OMA
De igual modo, da gusto comprar y apoyar a OMA, debido a la tramposa y compleja competencia que se le presenta al interior de la universidad. Me refiero con ello (y acuso públicamente) a la temible, monstruosa y monopolística máquina de café del Edificio Nuevo del claustro, que con alarmantes artimañas y con todo su poderío mercantil y económico, intenta acabar a las humildes tiendas de Café OMA. La amenazada OMA ha respondido a su magnánimo rival con estrategias honestas y serviciales encaminadas al rendimiento del diario presupuesto estudiantil.
Aspiro a que con éste pequeño artículo la Universidad NO tome cartas en el asunto y deje a OMA seguir con la íntegra política de manejar los precios como mejor les parece, pues la experiencia nos ha demostrado que todos nos beneficiamos con la honesta y altruista labor en la cual se empeñan estas progresistas y dóciles tiendas de Café OMA.
Héctor Hurtatis Espinosa
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