lunes, 16 de noviembre de 2009
Un Negocio Llamado Universidad
La universidad es un espacio de saber, conocimiento y de formación integral para la juventud de un país. Lo que no se dice en las hermosas introducciones de los programas a los que nos invitan a matricularnos son los descomunales gastos que se suman a la matrícula que ya es bastante costosa. Ahora bien, creo que es menester mencionar que estamos en la segunda universidad más cara del país (nos supera los Andes en donde la opción de segundo programa es gratis). A pesar de los costos, nuestra universidad ocupa un honroso puesto No.20 en el ranking nacional (aunque esto es tema de un próximo artículo). El próximo año, como estudiante de jurisprudencia, pagaré $6.455.000 (aunque los de primer semestre pagarán $7.142.000 y medicina llegará a pagar $10.961.000), siendo esto sólo el inicio de una factura que sólo muy pocos podremos costear. Empecemos por informar que las posibilidades que la universidad ofrece en restaurantes, reflejan su desinterés en nuestra correcta alimentación, porque COMO TODO ES UN NEGOCIO ya todo es de los señores privados que juegan a quién le sube más el precio a los productos y obviamente quién ganará más dentro del negocio llamado universidad (y están en todo su derecho, dicen las directivas).
Otro bastión de oportunidades para acrecentar sus recursos está en el certificar que cancelamos ésta costosa matricula, pues cobran $11.000 y si lo que buscas es un duplicado igual pagas $11.000, mismo precio de un duplicado del recibo de matrícula. Recordemos que los dueños del negocio habían decidido cobrar $17.000 por la revisión de los exámenes (clara muestra que los errores de los profesores los paga el estudiante), pero la presión de los estudiantes permitió que se echara para atrás esta decisión. Los demás certificados generan aún más ingresos para esta institución: Certificado de contenidos por asignatura $11.000, contenido de semestre $24.000, contenido de programa $88.000 (aun cuando aparecen en la página institucional, pero ellos añaden la firma). Los derechos para obtener un título cuestan $480.000, los derechos para cumplir los requisitos de grado $600.000 y las actas de mi grado se elevan a $22.000. Si por algún motivo no puedo asistir a un examen parcial por una causa justificada, debo cancelar $50.000, costo de un supletorio. Si por algún motivo debo reponer el carnet, me cuesta $35.000. Si deseas registrar una materia fuera del término, te cuesta $30.000, una validación asciende a $170.000 y si necesitas algún duplicado de tu diploma te cuesta $70.000. El examen del PET, que tanto atormenta a los estudiantes Rosaristas, ha sido fijado en $240.000. Adiciona la Universidad que si deseas ver una materia intersemestral, deben inscribirse por lo menos 10 personas, o sino los inscritos deberán pagar el faltante, argumento que demuestra un interés por la ganancia mínima requerida y no por la calidad de la materia. Continuar relatando lo que vivimos es triste, pero además vergonzante, ya que el gran esfuerzo de nuestros padres caerá en este negocio llamado universidad e incrementará los ingresos institucionales.
Terminemos diciendo que el bienestar universitario parece un concepto olvidado en la institución, o ¿que cobren por jugar parques ($600 p/hora), ping pong ($1000 p/hora), billar ($1700 p/hora), o un juego de rana ($1100 p/hora) no es una muestra de la facilidad de ver el símbolo pesos en todos lados? Hagamos cuentas para saber cuál es el costo real de estudiar en una Universidad que no figura en las mejores 100 del ranking latinoamericano. Ojala no nos cobren el usar las escaleras de emergencia para subir en Casur, o la entrada a los baños. En fin esperaré a ver qué pasa mañana o ¿también tendremos que pagarles a los profesores por preguntar? Eso podría ser OTRO NEGOCIO ¿NO?
José Luis Rodríguez
Lo que no se dice en las hermosas introducciones de los programas que nos invitan a matricularnos son los descomunales gastos que se suman a la matrícula que ya es bastante costosa.
Otro bastión de oportunidades para acrecentar sus recursos está en el certificar que cancelamos ésta costosa matricula, pues cobran $11.000 y si lo que buscas es un duplicado igual pagas $11.000, mismo precio de un duplicado del recibo de matrícula. Recordemos que los dueños del negocio habían decidido cobrar $17.000 por la revisión de los exámenes (clara muestra que los errores de los profesores los paga el estudiante), pero la presión de los estudiantes permitió que se echara para atrás esta decisión. Los demás certificados generan aún más ingresos para esta institución: Certificado de contenidos por asignatura $11.000, contenido de semestre $24.000, contenido de programa $88.000 (aun cuando aparecen en la página institucional, pero ellos añaden la firma). Los derechos para obtener un título cuestan $480.000, los derechos para cumplir los requisitos de grado $600.000 y las actas de mi grado se elevan a $22.000. Si por algún motivo no puedo asistir a un examen parcial por una causa justificada, debo cancelar $50.000, costo de un supletorio. Si por algún motivo debo reponer el carnet, me cuesta $35.000. Si deseas registrar una materia fuera del término, te cuesta $30.000, una validación asciende a $170.000 y si necesitas algún duplicado de tu diploma te cuesta $70.000. El examen del PET, que tanto atormenta a los estudiantes Rosaristas, ha sido fijado en $240.000. Adiciona la Universidad que si deseas ver una materia intersemestral, deben inscribirse por lo menos 10 personas, o sino los inscritos deberán pagar el faltante, argumento que demuestra un interés por la ganancia mínima requerida y no por la calidad de la materia. Continuar relatando lo que vivimos es triste, pero además vergonzante, ya que el gran esfuerzo de nuestros padres caerá en este negocio llamado universidad e incrementará los ingresos institucionales.
Terminemos diciendo que el bienestar universitario parece un concepto olvidado en la institución, o ¿que cobren por jugar parques ($600 p/hora), ping pong ($1000 p/hora), billar ($1700 p/hora), o un juego de rana ($1100 p/hora) no es una muestra de la facilidad de ver el símbolo pesos en todos lados? Hagamos cuentas para saber cuál es el costo real de estudiar en una Universidad que no figura en las mejores 100 del ranking latinoamericano. Ojala no nos cobren el usar las escaleras de emergencia para subir en Casur, o la entrada a los baños. En fin esperaré a ver qué pasa mañana o ¿también tendremos que pagarles a los profesores por preguntar? Eso podría ser OTRO NEGOCIO ¿NO?
José Luis Rodríguez
Los Avatares de las Elecciones
Después de las elecciones de los consejos estudiantiles, es necesario plantear algunas reflexiones. En primer lugar, es notoria la poca participación de los estudiantes en la conformación de las listas, lo que se refleja en que en varias facultades se presentó una sola lista para el consejo, incluyendo a ciencia política, facultad en la cual, paradójicamente, se estudia temas afines.
Ahora bien, estas situaciones tienen varias causas, de las cuales podemos destacar el poco poder que tienen los consejos, lo que desalienta a muchos estudiantes a participar. Pero también el papel que han cumplido algunos consejos lleva a pensar a muchos estudiantes que ese organismo es inservible. Un consejo autónomo, independiente y al servicio de los estudiantes puede lograr muchas cosas a favor de sus intereses, todo depende de que recuerden cual es su papel y lo hagan respetar.
Debemos mencionar como otra causa de la baja participación las incomprensibles exigencias para ser candidato. Es una limitante a la democracia universitaria que se exija no haber perdido materias el semestre anterior y no tener procesos disciplinarios. Ya es hora que el Consejo Superior y los Consejos de facultad entiendan que una cosa es la capacidad de liderazgo y representatividad que pueda tener un estudiante entre sus compañeros y otra sus calidades académicas o disciplinarias.
En estas elecciones se presentaron también algunas situaciones que limitaron el derecho al voto de los estudiantes. En las de Rehabilitación, por ejemplo, el voto ni siquiera fue secreto. Se debía indicar, a quienes manejaban el computador, por cuál de las candidatas se quería votar. Adicionalmente en estas mismas elecciones varias estudiantes ni siquiera pudieron votar porque no tenían el carnet o porque el sistema emitía error cuando pasaban dicho documento. La cédula es el documento de identidad por excelencia y por tanto esta también debe servir para participar. El caso de la nueva sede también es preocupante, ya que por problemas de logística, allí ni siquiera pudieron votar, mientras medicina empezaba su jornada casi a las 11 de la mañana.
A lo anterior se debe añadir las indebidas intervenciones de las directivas en la democracia universitaria. Como es sabido, las directivas fusionaron las facultades de Rehabilitación y Medicina, e intentaron hacer lo mismo con los Consejos Estudiantiles. Que sea el momento para recordarles que estas instituciones son organismos autónomos e independientes, y en tanto las directivas no pueden intervenir y disponer de ellos como les parezca. Es destacable la posición asumida por el Consejo Superior Estudiantil, el cual rechazó dicha intromisión y ratificó el carácter autónomo de estos organismos. Ojala la saliente presidenta de rehabilitación hubiese asumido esa posición y así habría sido innecesario que las propias estudiantes tuviesen que acudir al Consejo Superior para resolver esta situación.
Este tipo de intervenciones indebidas también se presentaron en Jurisprudencia donde la Dra. Rocío Peña, en plena clase con estudiantes de primer semestre, criticó al consejo estudiantil actual y alabó al anterior, constituyéndose esto en una clara intervención en la política estudiantil. Es necesario recordar a los profesores que no deben intervenir en la política estudiantil o influenciar en la votación de sus estudiantes.
Los anteriores planteamientos, cortos debido al espacio, se hacen con el fin de corregir los problemas en futuras elecciones y para recordar el papel de los Consejos Estudiantiles como organismos de representación autónomos e independientes en su elección y formación. Son ellos los llamados a velar por los intereses y problemáticas de los estudiantes, pero nunca darles la espalda como sucedió con la problemática de inglés y un actual aspirante al Consejo Superior cuya solución fue que “estudien por internet”. Insistimos en que los Consejos Estudiantiles son espacios democráticos que permiten a los Rosaristas enterarse de las graves problemáticas de la Universidad y buscar soluciones acordes a los intereses del estudiantado, esto es, calidad académica y bienestar universitario a costos justos y proporcionales.
Lina Salazar
Juan Pablo Puentes
Ahora bien, estas situaciones tienen varias causas, de las cuales podemos destacar el poco poder que tienen los consejos, lo que desalienta a muchos estudiantes a participar. Pero también el papel que han cumplido algunos consejos lleva a pensar a muchos estudiantes que ese organismo es inservible. Un consejo autónomo, independiente y al servicio de los estudiantes puede lograr muchas cosas a favor de sus intereses, todo depende de que recuerden cual es su papel y lo hagan respetar.
Debemos mencionar como otra causa de la baja participación las incomprensibles exigencias para ser candidato. Es una limitante a la democracia universitaria que se exija no haber perdido materias el semestre anterior y no tener procesos disciplinarios. Ya es hora que el Consejo Superior y los Consejos de facultad entiendan que una cosa es la capacidad de liderazgo y representatividad que pueda tener un estudiante entre sus compañeros y otra sus calidades académicas o disciplinarias.
En estas elecciones se presentaron también algunas situaciones que limitaron el derecho al voto de los estudiantes. En las de Rehabilitación, por ejemplo, el voto ni siquiera fue secreto. Se debía indicar, a quienes manejaban el computador, por cuál de las candidatas se quería votar. Adicionalmente en estas mismas elecciones varias estudiantes ni siquiera pudieron votar porque no tenían el carnet o porque el sistema emitía error cuando pasaban dicho documento. La cédula es el documento de identidad por excelencia y por tanto esta también debe servir para participar. El caso de la nueva sede también es preocupante, ya que por problemas de logística, allí ni siquiera pudieron votar, mientras medicina empezaba su jornada casi a las 11 de la mañana.
A lo anterior se debe añadir las indebidas intervenciones de las directivas en la democracia universitaria. Como es sabido, las directivas fusionaron las facultades de Rehabilitación y Medicina, e intentaron hacer lo mismo con los Consejos Estudiantiles. Que sea el momento para recordarles que estas instituciones son organismos autónomos e independientes, y en tanto las directivas no pueden intervenir y disponer de ellos como les parezca. Es destacable la posición asumida por el Consejo Superior Estudiantil, el cual rechazó dicha intromisión y ratificó el carácter autónomo de estos organismos. Ojala la saliente presidenta de rehabilitación hubiese asumido esa posición y así habría sido innecesario que las propias estudiantes tuviesen que acudir al Consejo Superior para resolver esta situación.
…los consejos estudiantiles deben buscar soluciones acordes a los intereses del estudiantado, esto es, calidad académica y bienestar universitario a costos justos y proporcionales
Este tipo de intervenciones indebidas también se presentaron en Jurisprudencia donde la Dra. Rocío Peña, en plena clase con estudiantes de primer semestre, criticó al consejo estudiantil actual y alabó al anterior, constituyéndose esto en una clara intervención en la política estudiantil. Es necesario recordar a los profesores que no deben intervenir en la política estudiantil o influenciar en la votación de sus estudiantes.
Los anteriores planteamientos, cortos debido al espacio, se hacen con el fin de corregir los problemas en futuras elecciones y para recordar el papel de los Consejos Estudiantiles como organismos de representación autónomos e independientes en su elección y formación. Son ellos los llamados a velar por los intereses y problemáticas de los estudiantes, pero nunca darles la espalda como sucedió con la problemática de inglés y un actual aspirante al Consejo Superior cuya solución fue que “estudien por internet”. Insistimos en que los Consejos Estudiantiles son espacios democráticos que permiten a los Rosaristas enterarse de las graves problemáticas de la Universidad y buscar soluciones acordes a los intereses del estudiantado, esto es, calidad académica y bienestar universitario a costos justos y proporcionales.
Lina Salazar
Juan Pablo Puentes
FRENTE AL INGLÉS, SIMPLE DESINTERÉS
Hace cuatro años se expuso por primera vez a las directivas de esta Universidad el problema que se generaría entre los estudiantes el exigir el cumplimiento del segundo idioma a mitad de carrera bajo el supuesto de que esa era una responsabilidad exclusiva de los alumnos. El resultado luego de 8 semestres es catastrófico: decenas de estudiantes retirados por el requisito, más de treinta acciones de tutela presentadas ante la Universidad (algunas de ellas falladas contra la institución) e incluso una ponencia en la Corte Constitucional frente a esta problemática. Desde esa época los estudiantes hemos solicitado y planteado muchas soluciones. Se han presentado firmas respaldando varias soluciones, se han realizado reuniones de representantes y directivas, se han hecho protestas simbólicas exigiendo una respuesta y la réplica de la Universidad ha sido silencio, en un clásico ejercicio de autoritarismo que indicaría que el problema es sólo del estudiante. En otros números de este medio ya hemos comunicado todo lo hecho ante las directivas, quien, en voz de nuestro ex vicerrector, ha manifestado no tener interés por reconocer los hechos tozudos: sólo el 2.3% de los colegios en Colombia ofrecen una óptima formación en el idioma inglés. Otro de los argumentos que muchas veces sustentó la negación de las directivas eran los supuestos altos costos que generaría el ofrecer clases de inglés. Esto es como argumentar mañana que no hay dinero para comprar libros y que los estudiantes debamos aceptarlo en silencio.
Luego de los sucesos del semestre pasado, donde la mayoría de representantes se unieron por buscar una solución (debemos excluir sujetos que no apoyaron al estudiantado como el presidente del Consejo de Economía), y donde los estudiantes apoyaron la protesta organizada por Conciencia Democrática exigiendo una solución para el problema, las directivas indicaron que se buscaría una solución.
Sorpresiva pero dolorosamente, este semestre las directivas, en lo que he denominado como una cachetada a las peticiones de los estudiantes, decidieron ofrecer como electiva inglés medio y avanzado, cuyo principal requisito es haber aprobado el examen de suficiencia idiomática. ¿Acaso esto soluciona el problema de los estudiantes que no recibieron formación de inglés en el Colegio? De forma indignante las directivas muestran su capacidad para ofrecer inglés como electiva (petición principal de los estudiantes desde hace 4 años) pero mantienen la vulneración del principio de igualdad omitiendo ofrecer los niveles básicos que son urgentes para los alumnos que han visto su carrera truncada por la falta del requisito. Además, se ha derrumbado el argumento económico que tanto esgrimían, ya que si pueden ofrecer altos niveles de inglés, con menos inversión pueden ofrecer niveles básicos del mismo. Parece entonces que el problema es de administración.
A lo anterior debemos añadir la respuesta positiva por parte de algunos profesores de la Universidad, quienes en diferentes clases han aceptado que la mejor solución es que la Institución ofrezca niveles de inglés desde el primer semestre y de esta manera se asegure un excelente nivel para todos los estudiantes. Así lo acepta el Dr. Sergio Rodríguez Azuero, reconocido docente y abogado de la Universidad, quien manifiesta haber propuesto esto a las directivas hace ya bastantes años sin recibir respuesta satisfactoria. Como se ha manifestado en otras ocasiones, esta situación ha perjudicado a decenas de estudiantes y aun no tenemos una respuesta definitiva de las directivas. Ya que no aceptaron la invitación hecha hace un semestre, reiteramos nuestra solicitud para que por este mismo medio, las directivas expliquen la razón para no ofrecer niveles básicos de inglés que permitan solucionar esta dificultad. Además reclamamos se busque una solución para quienes ya tienen el semestre aplazado o están cercanos a hacerlo y solicitamos se le explique a la comunidad académica cual es la relación que tiene el Wall Street Institute con la Universidad; instituto que obtiene espacios, publicidad y oficinas dentro de la Universidad y quien sería el principal perjudicado si el Rosario ofreciera directamente los cursos de inglés.
David R. Rodríguez N.
Luego de los sucesos del semestre pasado, donde la mayoría de representantes se unieron por buscar una solución (debemos excluir sujetos que no apoyaron al estudiantado como el presidente del Consejo de Economía), y donde los estudiantes apoyaron la protesta organizada por Conciencia Democrática exigiendo una solución para el problema, las directivas indicaron que se buscaría una solución.
…solicitamos se le explique a la comunidad académica cual es la relación que tiene el Wall Street Institute con la Universidad; instituto que obtiene espacios, publicidad y oficinas dentro de la Universidad y quien sería el principal perjudicado si el Rosario ofreciera directamente los cursos de inglés.
Sorpresiva pero dolorosamente, este semestre las directivas, en lo que he denominado como una cachetada a las peticiones de los estudiantes, decidieron ofrecer como electiva inglés medio y avanzado, cuyo principal requisito es haber aprobado el examen de suficiencia idiomática. ¿Acaso esto soluciona el problema de los estudiantes que no recibieron formación de inglés en el Colegio? De forma indignante las directivas muestran su capacidad para ofrecer inglés como electiva (petición principal de los estudiantes desde hace 4 años) pero mantienen la vulneración del principio de igualdad omitiendo ofrecer los niveles básicos que son urgentes para los alumnos que han visto su carrera truncada por la falta del requisito. Además, se ha derrumbado el argumento económico que tanto esgrimían, ya que si pueden ofrecer altos niveles de inglés, con menos inversión pueden ofrecer niveles básicos del mismo. Parece entonces que el problema es de administración.
A lo anterior debemos añadir la respuesta positiva por parte de algunos profesores de la Universidad, quienes en diferentes clases han aceptado que la mejor solución es que la Institución ofrezca niveles de inglés desde el primer semestre y de esta manera se asegure un excelente nivel para todos los estudiantes. Así lo acepta el Dr. Sergio Rodríguez Azuero, reconocido docente y abogado de la Universidad, quien manifiesta haber propuesto esto a las directivas hace ya bastantes años sin recibir respuesta satisfactoria. Como se ha manifestado en otras ocasiones, esta situación ha perjudicado a decenas de estudiantes y aun no tenemos una respuesta definitiva de las directivas. Ya que no aceptaron la invitación hecha hace un semestre, reiteramos nuestra solicitud para que por este mismo medio, las directivas expliquen la razón para no ofrecer niveles básicos de inglés que permitan solucionar esta dificultad. Además reclamamos se busque una solución para quienes ya tienen el semestre aplazado o están cercanos a hacerlo y solicitamos se le explique a la comunidad académica cual es la relación que tiene el Wall Street Institute con la Universidad; instituto que obtiene espacios, publicidad y oficinas dentro de la Universidad y quien sería el principal perjudicado si el Rosario ofreciera directamente los cursos de inglés.
David R. Rodríguez N.
jueves, 16 de abril de 2009
Nuestro inglés, negocio de unos pocos
La implementación del Decreto 869 de 2005 como exigencia de pregrado, ha generado dificultades y consecuencias catastróficas para la comunidad estudiantil. Mediante esta norma, se cambió la exigencia de segundo idioma que ahora deberá ser presentada a mitad de carrera y no como requisito de grado. Esto es un gran avance en las exigencias académicas de la Universidad. Sin embargo, debido a un claro interés económico de la Universidad, esta exigencia no fue acompañada de una política educativa del idioma sino que se constituyó como una carga para el estudiante, aumentando así el mercado para las instituciones que dictan inglés.
La exigencia de un idioma que no es ofrecido en la Universidad, aumentó los niveles de deserción en todas las facultades, llegando a niveles de hasta 60% en ciertos programas. Este inconveniente es aún mayor en la facultad de Rehabilitación donde la mayoría han tenido que retirarse de la Universidad: hay semestres donde sólo aprueban el requisito una o dos personas. El problema principal radica en que la falta de enseñanza de inglés dentro de la Universidad, implica una serie de costos y tiempo adicional para los estudiantes que se ven obligados a acudir a instituciones privadas o cursos externos a la institución. La situación económica de algunos estudiantes no ha permitido acceder a cursos de calidad, por lo que han optado por cursos virtuales como el del SENA u otros ofrecidos en internet. Como resultado de esta opción, de 12 estudiantes que completaron los cursos, sólo 1 aprobó los niveles del PET exigidos. Recordemos que el 23% de los estudiantes que ingresan a la Universidad no tienen conocimiento alguno de inglés y el 33% no está en la capacidad de aprobar los exámenes requeridos.
Los estudiantes hemos presentado numerosas propuestas a la Universidad, entre las cuales se encuentra la posibilidad de ofrecer inglés como materia electiva por medio de un convenio interinstitucional como se hace con el francés, el alemán y tantos otros idiomas que sí son ofertados (y de paso mejorar algunas electivas como Protocolo y Etiqueta que sólo pretenden mantener un pensamiento clasista y excluyente). También se propuso la creación de un Centro de Idiomas, existente en todas las grandes Universidades y que brilla por su ausencia en el Colegio Mayor. Incluso se presentó la posibilidad de dictar inglés por parte de algunos profesores de la Escuela de Ciencias Humanas que tienen altos niveles en esta competencia.
La respuesta de la Universidad ha variado entre la indignación y la resignación. En algunas oportunidades se nos indicó que el Centro de Idiomas (principal propuesta, ya que esto garantizaría una educación complementaria y de calidad) estaba sometido a la construcción de la nueva sede, realidad que no parece estar cercana. A los diferentes representantes estudiantiles que han presentado el tema ante la Vicerrectoría, se les manifestó que el inglés era una competencia que debíamos traer desde el Colegio y que la Universidad no debía responder por ello. Olvidan las directivas que para el 2006, sólo el 7% de los colegios en Colombia ofrecían buenos niveles de inglés en su pensum y menos del 4% manejaban inglés en su totalidad. ¿Cómo exigen entonces que el inglés sea una competencia escolar? El argumento de la Universidad pierde sustento cuando vemos que otras competencias que sí debían ser garantizadas por la educación secundaria (lectoescritura, redacción, análisis matemático) son ofrecidas por la Universidad mediante el programa de Estudios Profesionales. ¿Por qué no se tiene la misma actitud frente a los bajos niveles de inglés? Asimismo, debemos añadir la actitud de los representantes estudiantiles (con la excepción de Ciencia Política, Ciencias Humanas y Jurisprudencia) que en diferentes reuniones se han plantado como acérrimos defensores de las directivas y no como representantes del estudiantado. Ha llegado a tal punto el descaro de algunos representantes que, por ejemplo, la presidenta del consejo estudiantil de Rehabilitación afirma ser “representante de los estudiantes y de las directivas”. ¿Será que esta posición responde a una designación que se hizo sin votación popular sino por voluntad de unos pocos?
Resulta curioso del tema expuesto que a pesar de los intentos e insistencias de los estudiantes y representantes, la Universidad ha optado por una actitud desobligada, indiferente y apática. Pero es aún más inquietante cuando se evidencia una estrecha relación entre las directivas y el Wall Street Institute, quien tiene incluso sede dentro de la Universidad (espacio que podríamos usar para ampliar las salas de estudio) y que, por supuesto, vería destrozado su negocio si la Universidad ofertara el inglés. Lo más preocupante es que las directivas se opongan sin argumento a las peticiones y propuestas de los estudiantes, manteniéndose ajenas al problema. Por este motivo, hago un llamado público para que las directivas, por este mismo medio, expongan ante los estudiantes las verdaderas razones de su negativa a las propuestas y solicitudes de los estudiantes y nos indiquen si realmente se desentenderán de esta compleja problemática. Espero que por lo menos esta propuesta sea aceptada por los dirigentes de la Institución.
David R. Rodríguez
La exigencia de un idioma que no es ofrecido en la Universidad, aumentó los niveles de deserción en todas las facultades, llegando a niveles de hasta 60% en ciertos programas. Este inconveniente es aún mayor en la facultad de Rehabilitación donde la mayoría han tenido que retirarse de la Universidad: hay semestres donde sólo aprueban el requisito una o dos personas. El problema principal radica en que la falta de enseñanza de inglés dentro de la Universidad, implica una serie de costos y tiempo adicional para los estudiantes que se ven obligados a acudir a instituciones privadas o cursos externos a la institución. La situación económica de algunos estudiantes no ha permitido acceder a cursos de calidad, por lo que han optado por cursos virtuales como el del SENA u otros ofrecidos en internet. Como resultado de esta opción, de 12 estudiantes que completaron los cursos, sólo 1 aprobó los niveles del PET exigidos. Recordemos que el 23% de los estudiantes que ingresan a la Universidad no tienen conocimiento alguno de inglés y el 33% no está en la capacidad de aprobar los exámenes requeridos.
Los estudiantes hemos presentado numerosas propuestas a la Universidad, entre las cuales se encuentra la posibilidad de ofrecer inglés como materia electiva por medio de un convenio interinstitucional como se hace con el francés, el alemán y tantos otros idiomas que sí son ofertados (y de paso mejorar algunas electivas como Protocolo y Etiqueta que sólo pretenden mantener un pensamiento clasista y excluyente). También se propuso la creación de un Centro de Idiomas, existente en todas las grandes Universidades y que brilla por su ausencia en el Colegio Mayor. Incluso se presentó la posibilidad de dictar inglés por parte de algunos profesores de la Escuela de Ciencias Humanas que tienen altos niveles en esta competencia.
Hago un llamado público para que las directivas, por este mismo medio, expongan ante los estudiantes las verdaderas razones de su negativa a las propuestas y solicitudes de los estudiantes.
La respuesta de la Universidad ha variado entre la indignación y la resignación. En algunas oportunidades se nos indicó que el Centro de Idiomas (principal propuesta, ya que esto garantizaría una educación complementaria y de calidad) estaba sometido a la construcción de la nueva sede, realidad que no parece estar cercana. A los diferentes representantes estudiantiles que han presentado el tema ante la Vicerrectoría, se les manifestó que el inglés era una competencia que debíamos traer desde el Colegio y que la Universidad no debía responder por ello. Olvidan las directivas que para el 2006, sólo el 7% de los colegios en Colombia ofrecían buenos niveles de inglés en su pensum y menos del 4% manejaban inglés en su totalidad. ¿Cómo exigen entonces que el inglés sea una competencia escolar? El argumento de la Universidad pierde sustento cuando vemos que otras competencias que sí debían ser garantizadas por la educación secundaria (lectoescritura, redacción, análisis matemático) son ofrecidas por la Universidad mediante el programa de Estudios Profesionales. ¿Por qué no se tiene la misma actitud frente a los bajos niveles de inglés? Asimismo, debemos añadir la actitud de los representantes estudiantiles (con la excepción de Ciencia Política, Ciencias Humanas y Jurisprudencia) que en diferentes reuniones se han plantado como acérrimos defensores de las directivas y no como representantes del estudiantado. Ha llegado a tal punto el descaro de algunos representantes que, por ejemplo, la presidenta del consejo estudiantil de Rehabilitación afirma ser “representante de los estudiantes y de las directivas”. ¿Será que esta posición responde a una designación que se hizo sin votación popular sino por voluntad de unos pocos?
Resulta curioso del tema expuesto que a pesar de los intentos e insistencias de los estudiantes y representantes, la Universidad ha optado por una actitud desobligada, indiferente y apática. Pero es aún más inquietante cuando se evidencia una estrecha relación entre las directivas y el Wall Street Institute, quien tiene incluso sede dentro de la Universidad (espacio que podríamos usar para ampliar las salas de estudio) y que, por supuesto, vería destrozado su negocio si la Universidad ofertara el inglés. Lo más preocupante es que las directivas se opongan sin argumento a las peticiones y propuestas de los estudiantes, manteniéndose ajenas al problema. Por este motivo, hago un llamado público para que las directivas, por este mismo medio, expongan ante los estudiantes las verdaderas razones de su negativa a las propuestas y solicitudes de los estudiantes y nos indiquen si realmente se desentenderán de esta compleja problemática. Espero que por lo menos esta propuesta sea aceptada por los dirigentes de la Institución.
David R. Rodríguez
El Derecho a expresarnos libremente
El derecho a la libertad de expresión se manifiesta de muchas maneras, todas ellas protegidas por la constitución colombiana. Una expresión evidente, que es ejercida en todas las grandes Universidades del país pero censurada ferozmente en el Rosario, es exponer al público afiches, imágenes o textos que no atenten contra el orden público. En el Colegio Mayor, lamentablemente, hemos visto como se ha restringido nuestro legítimo derecho a exponer nuestros pensamientos y nuestras ideas en afiches, pasquines o documentos de todo tipo.
El proceso para tener algún tipo de comunicación en las carteleras disponibles en la Universidad es largo y poco alentador. Se debe enviar el material una semana antes a cuando se piensa exponerlo al público para que sean sellados y luego expuestos. Su aprobación está sometida al criterio de una persona quien decide que puede y que no puede decirse en la Universidad. Su exposición de somete al libre albedrío del trabajador que los pega en cualquier espacio disponible de la universidad. Finalmente, después de este burocrático proceso, puede que el afiche ni siquiera cumpla con su cometido ya que los lugares más visibles siempre están acaparados por las comunicaciones oficiales y los mensajes, que en palabras de quien aprueba se exposición “tienen una buena actitud”. Luego de todo esto, es posible que termine en el olvidado panel del piso 8 de la torre 2. Estas trabas limitarían la libre expresión del estudiante más paciente y cortés que pueda existir
En este tema, como otros en esta Universidad, el formalismo prima sobre la racionalidad. Aunque existan espacios libres en las carteleras, y los estudiantes peguen sus carteles respetando los demás, únicamente por no tener el sello “oficial” son quitados sin cuartel. De tal manera que ya ni siquiera el espacio dispuesto para ello es apto para pegar carteles. Esto recuerda las épocas de la Alemania Nazi donde cualquier tipo de comunicación debía ser aprobada por el sello S.S. Si algunas veces se reparten volantes o pegan afiches sin autorización, es por la imposibilidad de ser aprobado por un comité de censura existente dentro de la Institución
Demando a través de este artículo, que la Universidad sea mucho más abierta al tema de los carteles y afiches, que se abran más espacios para que el estudiante pueda exponer lo que a bien tenga y que deje de ser tan formal y se de cuenta que el estudiante necesita expresarse para crecer
Julián Jaccard
El proceso para tener algún tipo de comunicación en las carteleras disponibles en la Universidad es largo y poco alentador. Se debe enviar el material una semana antes a cuando se piensa exponerlo al público para que sean sellados y luego expuestos. Su aprobación está sometida al criterio de una persona quien decide que puede y que no puede decirse en la Universidad. Su exposición de somete al libre albedrío del trabajador que los pega en cualquier espacio disponible de la universidad. Finalmente, después de este burocrático proceso, puede que el afiche ni siquiera cumpla con su cometido ya que los lugares más visibles siempre están acaparados por las comunicaciones oficiales y los mensajes, que en palabras de quien aprueba se exposición “tienen una buena actitud”. Luego de todo esto, es posible que termine en el olvidado panel del piso 8 de la torre 2. Estas trabas limitarían la libre expresión del estudiante más paciente y cortés que pueda existir
En este tema, como otros en esta Universidad, el formalismo prima sobre la racionalidad. Aunque existan espacios libres en las carteleras, y los estudiantes peguen sus carteles respetando los demás, únicamente por no tener el sello “oficial” son quitados sin cuartel. De tal manera que ya ni siquiera el espacio dispuesto para ello es apto para pegar carteles. Esto recuerda las épocas de la Alemania Nazi donde cualquier tipo de comunicación debía ser aprobada por el sello S.S. Si algunas veces se reparten volantes o pegan afiches sin autorización, es por la imposibilidad de ser aprobado por un comité de censura existente dentro de la Institución
Demando a través de este artículo, que la Universidad sea mucho más abierta al tema de los carteles y afiches, que se abran más espacios para que el estudiante pueda exponer lo que a bien tenga y que deje de ser tan formal y se de cuenta que el estudiante necesita expresarse para crecer
Julián Jaccard
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